Fotos de pesebres colombia

Date: 24.10.2018, 10:49 / Views: 83593

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A las 4:00 de la madrugada suena la alarma del reloj. Muchos, con una pandereta en la mano, se disponen a recorrer las calles de su barrio hasta llegar a la iglesia más cercana y hacer parte del tradicional encuentro de cierre de fin de año conocido como la novena de Navidad o de aguinaldos.

Padres con sus hijos de la mano, ancianas acompañadas de sus hijas, jóvenes de todas las edades con sus amigos, mujeres llevando a sus mascotas, deportistas y caminantes que se suman al encuentro antes de su práctica deportiva, enfermos que buscan recuperarse.

Todos acuden a la cita que desde el año 1730 el monje franciscano Fray Fernando de Jesús Larrea puso a los católicos en la capital del Nuevo Reino de Granada, tras su llegada de Quito, Ecuador, como lo cuenta la historia.

El encuentro se quedó grabado en la cultura colombiana como las cenas del 24 de diciembre, los tradicionales buñuelos, la noche de las velitas, las populares anchetas y la anhelada llegada de los regalos de Papá Noel y el Niño Dios.

Lo cierto es que, como lo cuentan algunos religiosos que se han dedicado a buscar el origen de esta tradición, la novenas de Navidad o de aguinaldos tienen cada día más matices. Si bien los cambios no trascienden lo religioso, en Colombia, desde cada región y dependiendo de quién la realice, terminan siendo todo un acontecimiento que durante nueve días reúne a una comunidad y a las familias en torno alrededor de esta celebración.

¿Acaso quién no espera recibir un buñuelo, una empanada, un vaso de masato o un trozo de natilla luego de cantar “ven, ven, ven a nuestras almas Jesús ven, ven”?

El origen de la tradición

Hacia finales del siglo XVIII Fray Fernando de Jesús Larrea escribe un texto sobre la novena, que es publicado en 10 ejemplares por una imprenta de Santa Fe. Un siglo después, sería una monja llamada María Ignacia la que lo retoma y lo difunde en la comunidad católica.

El texto tiene tal impacto, que los piadosos no dejan de asistir a las iglesias para participar de rezos y cantos, y con la emoción entregaban más dinero en limosnas.

El encuentro causaba todo tipo de malestares en la comunidad eclesiástica de la época, debido a los desórdenes y la poca religiosidad expresada por los feligreses, debido a que todo era novedad.

Según cuenta el sacerdote jesuita Eduardo Cárdenas, en su libro ‘Pueblo y religión, en Colombia (1780-1820)’ las novenas se celebraban con rosarios cantados por las plazas de los pueblos. Incluso, “se incluyeron coplas populares en los villancicos, con alusiones picantes a los vecinos”, que no eran bien vistas por los visitadores eclesiásticos.

Según cuenta el sacerdote jesuita, el jolgorio de la Navidad llego a extremos en muchas parroquias. La Diócesis de Popayán, por ejemplo, registró que “en lugar de Epístola se cantaba una composición caprichosa, llena de dichos vulgares, libres e inconexos, que causaban mucha risa y algazara”.

Además, “se tocaban pitos y un tambor pequeño con extraña ridiculez”; por esto, “mandamos que las misas de aguinaldo no se canten antes de las 6:00 de la mañana, y que se cante solo con la seriedad que exigen el respeto de Dios y el templo”. 

El sacerdote Cárdenas también narra en su libro que así como la tradición ganó terreno en las clases populares, ciertas costumbres fueron entrando en desuso. Muchas familias partieron al campo para celebrar de manera privada, en especial el 25 de diciembre o Nochebuena. Esto también fue reprochado por la Iglesia.

Cambios con el paso del tiempo

Se conoce que una religiosa bogotana, a finales del siglo XIX, llamada María Ignacia, cambió un poco la tradición de rezar la novena y algunas oraciones escrita por el Fray franciscano, dejadas por éste a la madre Clemencia Gestrudis de Jesús Cayzedo Vélez Ladrón de Guevara de Aróstegui y Escoto, conocida como la fundadora del Monasterio y Colegio de la Enseñanza en 1766.

A pesar de que muchos critican a María Ignacia por introducir en las novenas textos pesados y repetitivos, que no obedecen a lo ordenado por el Vaticano, conocedores del tema expresan que a ella se le debe la traducción del francés al español de una de las oraciones más recordadas por niños y adultos: la del Niño Jesús.

No obstante, más allá de los cambios en los textos, en la tradición, de tomar una pandereta, de cantar villancicos, de repartir delicias culinarias y pedir salud, dinero y amor el año próximo, las novenas tienen una gran historia que los colombianos se resisten a ver desaparecer.

Tradición única

El sacerdote Hoower Cajicá, párroco de iglesia de Lagos del Cacique, asegura que las novenas de Navidad o aguinaldos hacen eco a los nueves meses de gestación del niño Jesús que nace. Al igual que lo hace la Iglesia católica, otras como la ortodoxa y algunos grupos cristianos también realizan estos encuentros alrededor de los pesebres. “De todas las novenas dentro del cristianismo la más importante es la de Navidad. En ella nos preparamos para la gran solemnidad del nacimiento de Jesús”, asegura.

Algo que vale la pena resaltar, añade el párroco Cajicá, es que como se celebran las novenas en Bucaramanga, madrugando a las 4:00 de la mañana, solo se hace en Santander, Norte de Santander y el occidente de Venezuela.

“Los santandereanos que se han ido a vivir a otras ciudades de Colombia o fuera del país han llevado la tradición. En Nueva York, por ejemplo, existen tres parroquias a la que acuden colombianos, entre esos gente de esta región, que a pesar del frío y la nieve de fin de año, acuden a las iglesias a las 4:00 de la mañana a realizar la novena”, cuenta el padre Hoower.

En Bogotá también se sigue esta tradición, según este párraco. Existen 35  iglesias de la capital, a cargo de sacerdotes o laicos que conocen la tradición santandereana, que la mantienen. “Viví cinco años en Europa y conocí a la colonia de los colombianos en Bilbao, España. Allí, así estén a -20 grados, se reúnen a las 5:00 de la mañana a rezar la novena”, cuenta el párroco de Lagos del Cacique.

Las novenas no son una tradición colombiana, como aseguran algunos. Estas se rezan en todo el mundo. La diferencia la hacen los horarios, la entrega de comidas, la diversidad de los cánticos y algunas oraciones que los fieles incluyen. “Lo más importante es que con las novenas la Iglesia invita a reflexionar, propone es que el cristiano reflexione sobre la identidad y el sentido de ser cristiano”, concluye el padre Cajicá.





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